Desde tiempos inmemoriales, la humanidad ha reconocido que nuestro Creador en su amor por nosotros ha puesto hierbas en los campos para nuestra curación, tal como también nos ha provisto de cereales y frutas para nuestro sustento.
Para encontrar la hierba que pueda ayudarnos, debemos encontrar primero el propósito de nuestras vidas y también comprender los obstáculos de nuestro camino. Descubramos por nosotros mismos cuáles son las batallas que estamos librando y quiénes son los enemigos que estamos tratando de vencer. Luego tomemos con agradecimiento esa hierba que ha sido enviada para ayudarnos a triunfar.
En la verdadera curación no se debe pensar en la enfermedad; sólo se debe tener en cuanta el estado mental, el obstáculo mental. Esta falta de armonía con nuestro Yo Espiritual puede producir un centenar de defectos distintos en nuestros cuerpos físicos, porque, después de todo, nuestros cuerpos solamente reproducen los estados de nuestras mentes. Como dijo antes el Maestro: “¿Qué es más fácil decir: tus pecados te serán perdonados, o levántate y anda?”
Si encuentran alguna dificultad en elegir sus propios remedios, será de gran ayuda que se pregunten ustedes mismos cuáles son las virtudes que más admiran en otras personas, o cuál de sus defectos les produce mayor rechazo, porque cualquier falla de las que nos queda una huella y de la que estamos tratando especialmente de liberarnos, es la que más odiamos en los demás.
Todos nosotros somos terapeutas, y el amor y la misericordia de nuestras naturalezas nos hacen capaces de ayudar a cualquiera que realmente desee la salud. Busquen el remedio que los ayudará a superar las crisis y entreguen todo el ánimo y esperanza que puedan, entonces, la propia capacidad curativa de su interior hará el resto por sí misma.