domingo, 31 de octubre de 2010

Lección 6: La Curación

Desde tiempos inmemoriales, la humanidad ha reconocido que nuestro Creador en su amor por nosotros ha puesto hierbas en los campos para nuestra curación, tal como también nos ha provisto de cereales y frutas para nuestro sustento.

Para encontrar la hierba que pueda ayudarnos, debemos encontrar primero el propósito de nuestras vidas y también comprender los obstáculos de nuestro camino. Descubramos por nosotros mismos cuáles son las batallas que estamos librando y quiénes son los enemigos que estamos tratando de vencer. Luego tomemos con agradecimiento esa hierba que ha sido enviada para ayudarnos a triunfar.

En la verdadera curación no se debe pensar en la enfermedad; sólo se debe tener en cuanta el estado mental, el obstáculo mental. Esta falta de armonía con nuestro Yo Espiritual puede producir un centenar de defectos distintos en nuestros cuerpos físicos, porque, después de todo, nuestros cuerpos solamente reproducen los estados de nuestras mentes. Como dijo antes el Maestro: “¿Qué es más fácil decir: tus pecados te serán perdonados, o levántate y anda?”

Si encuentran alguna dificultad en elegir sus propios remedios, será de gran ayuda que se pregunten ustedes mismos cuáles son las virtudes que más admiran en otras personas, o cuál de sus defectos les produce mayor rechazo, porque cualquier falla de las que nos queda una huella y de la que estamos tratando especialmente de liberarnos, es la que más odiamos en los demás.

Todos nosotros somos terapeutas, y el amor y la misericordia de nuestras naturalezas nos hacen capaces de ayudar a cualquiera que realmente desee la salud. Busquen el remedio que los ayudará a superar las crisis y entreguen todo el ánimo y esperanza que puedan, entonces, la propia capacidad curativa de su interior hará el resto por sí misma.

Lección 5: La Verdadera Naturaleza de la Enfermedad

En la verdadera curación, la naturaleza y el nombre de la enfermedad física, sea cual fuere, carece completamente de importancia. La enfermedad del cuerpo en sí misma no es nada más que el resultado de la falta de armonía entre el alma y la mente. Es sólo un síntoma de la causa, y como la misma causa se manifestará en forma diferente en cada individuo, lo que se debe buscar es eliminar la causa, y las secuelas, cualesquiera que sean, desaparecerán automáticamente.

Por ejemplo, el miedo hace reaccionar a las personas en forma diferente: algunos palidecen, otros se sonrojan o bien se ponen histéricos o se quedan sin habla. Expliquémosles el miedo, demostrémosles que son suficientemente grandes como para superar y enfrentar cualquier cosa y entonces nada podrá asustarlos de nuevo. A un niño no le importarán las sombras en la pared, si le entrega una vela y se le enseña cómo puede hacer bailar esas sombras a su gusto.

Durante mucho tiempo hemos atribuido a los gérmenes, el clima o la comida la causa de nuestras enfermedades, sin embargo, muchos de nosotros somos inmunes a una epidemia de influenza, algunos disfrutan felices la sensación que provoca el viento, otros pueden comer café con queso tarde por la noche, sin consecuencias nocivas.  Sólo cuando permitimos que la duda y la indecisión, la depresión o el miedo se deslicen insidiosamente en nosotros, es que nos tornamos vulnerables a las influencias externas.

Esta es, por lo tanto, la verdadera causa de la enfermedad, que debe considerarse como máxima importancia: el estado mental del paciente y no la condición de su cuerpo: una leve alteración en su forma de vida, una pequeña idea fija que lo hace intolerante a los demás, o un equivocado sentido de la responsabilidad que lo mantiene esclavizado, es la causa del desequilibrio.

Lección 4: Preservar nuestra Personalidad

Todo lo que tenemos que hacer es preservar nuestra personalidad

Existen grandes cualidades que todo hombre va perfeccionando en sí mismo, quizás concentrándose en sólo una o dos a la vez. Éstas nos ayudan a ver las formas más fáciles y sencillas de superar todas nuestras dificultades.

Entre ellas se encuentran:



          Amor                                                                Compasión
          Paz                                                                    Constancia
          Bondad                                                             Firmeza
          Comprensión                                                   Tolerancia
          Sabiduría                                                          Indulgencia
          Valor                                                                 Alegría



Y es perfeccionando estas cualidades en nosotros mismos como cada uno estará elevando el mundo un paso más cerca de la inimaginable metal final. De este modo comprenderemos que no debemos buscar el logro egoísta de un mérito personal, sino que cada ser humano, rico o pobre, tiene la misma importancia para el Plan Divino.

Así como existen estas cualidades, estos pasos hacia la perfección también hay obstáculos que sirven para fortalecernos en la determinación de mantenernos firmes.
Estas son las verdaderas causas de enfermedad, entre las cuales podemos contar:



          Restricción                                                        Fanatismo
          Indecisión                                                         Terror
          Duda                                                                 Desasosiego
          Impaciencia                                                      Debilidad
          Temor                                                               Ignorancia
          Indiferencia                                                      Pesar


Si lo permitimos, estas características negativas se reflejarán en el cuerpo, provocando lo que llamamos enfermedad. Si no comprendemos las verdaderas causas, estaremos atribuyendo nuestra falta de armonía a influencias externas, tales como gérmenes, frío, calor, etc. y les daremos nombres a los resultados – artritis, cáncer, asma, etc. – pensando que la enfermedad comienza en el cuerpo físico.

Existen, por lo tanto, grupos definidos dentro de la humanidad, cada uno de los cuales pone de manifiesto en el mundo material la lección específica que ha aprendido. Cada individuo de estos grupos tiene una personalidad bien definida, una tarea particular que hacer y una forma determinada de llevarla a cabo.

La verdadera salud es felicidad de las cosas pequeñas: hacer las cosas que realmente nos gustan hacer, estando con la gente que verdaderamente queremos.  De esta forma no existe tensión ni esfuerzo. Consiste en descubrir y realizar la tarea en la que realmente encajamos. Son muchos los que suprimen sus verdaderos anhelos y así se transforman en clavijas cuadradas para agujeros redondos, a través de los deseos de un padre, un hijo puede convertirse en un procurador, un soldado o un hombre de negocios, cuando su verdadero deseo es ser carpintero.

Este sentido del deber es un falso sentido del deber y como tal, una falta de servicio al mundo, su resultado es la infelicidad y probablemente se malgaste la mayor parte de una vida antes de que el error pueda ser rectificado.

El Maestro dijo una vez: “¿No sabéis que debo atender los asuntos de mi Padre?”.

Con respecto a nuestra propia tarea, cuando la descubrimos, la ejecutamos sin esfuerzo, fácilmente y con alegría, jamás nos cansamos de ella, y se transforma en una afición.

Por lo tanto, si usted prefiere ser un granjero en lugar de un abogado, un peluquero antes que un chofer, cambie de ocupación y sea lo que quiere ser. Sólo de esa forma se sentirá feliz y trabajará a gusto, se desempeñará mejor como granjero o peluquero, como nunca antes en otra ocupación.

Lección 3: La Enfermedad es el Resultado de la Interferencia

Dios nos ha otorgado una personalidad muy propia, también nos ha dado una tarea específica que realizar, que nadie más puede hacer, y un camino particular a seguir, que nadie debe interferir.

Las interferencias ocurren en toda vida; son parte del Plan Divino y son necesarias para que aprendamos a superarlas resueltamente. En realidad, podemos considerarlas como oponentes realmente útiles, puestas simplemente allí para ayudarnos a aumentar nuestras fuerzas, y comprender nuestra Divinidad y nuestra invencibilidad. También debemos saber que sólo cuando permitimos que esas interferencias nos afecten, es cuando crecen en importancia y tienden a obstaculizar nuestro desarrollo.

Cuantas más dificultades aparentes se presenten en nuestro camino, tanto más seguros estaremos de que nuestra misión vale la pena. Galileo Galilei creía que el mundo era redondo, contra la incredulidad de todo el mundo, y el Patito Feo se convirtió en cisne a pesar del desprecio de toda su familia.

No tenemos derecho a interferir en la vida de nadie. Cada uno de nosotros tiene su propia tarea y solamente nosotros disponemos de la energía y el conocimiento para hacerla a la perfección. Sólo cuando olvidamos este hecho y tratamos de interferir  en las tareas de otro, o permitimos que lo hagan en la nuestra, aparecen la fricción y la falta de armonía en nuestro ser.
Esta falta de armonía – la enfermedad – se manifiesta en el cuerpo simplemente porque el cuerpo sirve para reflejar las tareas del alma, en la misma forma en que la cara refleja la felicidad por medio de la sonrisa, o mal genio por el fruncimiento del ceño. Lo mismo sucede con las cosas más importantes: el cuerpo refleja las verdaderas causas de la enfermedad (tales como el miedo, indecisión, duda, etc) mediante los desórdenes de sus sistemas y tejidos orgánicos.

La enfermedad, por lo tanto, es el resultado de la interferencia: interferir nosotros en alguna persona o permitir que los demás intervengan en nosotros.

Lección 2: Nuestras Almas son Perfectas

Nuestras almas son perfectas y todo lo que nos indique hacer es por nuestro propio bien.

Podemos juzgar nuestra salud por nuestra felicidad y por nuestra felicidad podemos saber que estamos obedeciendo los dictados de nuestra alma. No es necesario ser un monje o una monja, u ocultarse del mundo; el mundo es para que nosotros aprendamos y disfrutemos, y para que sirvamos con amor y felicidad, así podemos ser verdaderamente útiles y hacer nuestra mejor tarea. Un acto llevado a cabo exclusivamente por sentido del deber, quizás con un sentimiento de irritación o impaciencia, no merece ninguna consideración; es simplemente un tiempo precioso desperdiciado cuando un hermano podría estar realmente necesitando nuestra ayuda.

La verdad no necesita ser analizada, discutida o envuelta en palabrerías, se comprende en un instante y pasa a formar parte de uno. Es sólo sobres las cosas más complicadas y menos esenciales de la vida que necesitamos ser convencidos y esto es lo que condujo al desarrollo del intelecto. Sin embargo, las cosas que cuentan son las más simples, son las que le hacen a uno decir: “¡Vaya, eso es cierto” ¡Creo que lo he sabido desde siempre!. También es así la comprensión de la felicidad, que llega a nosotros cuando nos encontramos en armonía con nuestro yo espiritual, proporcionándonos una alegría más intensa cuanto más íntima es la unión.

Lección 1: Libérense Ustedes Mismos

La salud depende de la armonía con nuestras propias almas

Es de primordial importancia que el verdadero significado de la salud y la enfermedad sea claramente comprendida.

La salud es nuestra herencia; nuestro derecho. Es la unión total y absoluta entre el alma, la mente y el cuerpo, y no es un ideal demasiado lejano ni difícil de alcanzar; por el contrario, es tan fácil y natural que ha pasado desapercibido para muchos de nosotros.

Todas las cosas terrenales no son más que interpretaciones de las cosas espirituales. La más pequeña e insignificante de las ocurrencias tiene detrás un propósito divino.

Cada uno de nosotros tiene una misión divina en este mundo, y nuestras almas usan nuestras mentes y nuestros cuerpos como instrumentos para la realización de esta tarea; de esa forma, cuando los tres están trabajando al unísono, el resultado es la salud y la felicidad perfecta.

Una misión divina no significa necesariamente sacrificio, retirarse del mundo o rechazar los placeres de la belleza y la naturaleza; por el contrario, significa disfrutar más y mejor de todas las cosas. Significa hacer el trabajo de la casa, cultivar una granja, pintar, actuar o servir a nuestros semejantes en la forma que sepamos. Y esta tarea, cualquiera que sea, si la amamos por sobre todas las cosas, será el definitivo mandato de nuestras almas; la tarea que estamos llamados a ser en este mundo y el único es que podremos ser nosotros mismos, interpretando de una forma material y cotidiana el mensaje del verdadero Yo. Nuestra salud y nuestra felicidad serán, así, las que nos permitan juzgar hasta dónde hemos interpretado bien este mensaje.

En el hombre perfecto existen todos los atributos espirituales y venimos a este mundo a manifestarlos de a uno por vez, así como a perfeccionarlos y fortificarlos de modo que ninguna experiencia ni dificultad pueda debilitarnos o apartarnos del cumplimiento de ese propósito.

Nosotros elegimos nuestras propias ocupaciones terrenales y las circunstancias externas que nos proporcionarán las mejores oportunidades de probarnos al máximo. Venimos con el conocimiento global de nuestra tarea específica; venimos con el inimaginable privilegio de saber que todas nuestras batallas están ganadas antes de entrar en combate; que la victoria es cierta aun antes de que llegue la prueba, porque nosotros sabemos que somos los hijos del Creador, y como tales, divinos, inconquistables e invencibles. Con este reconocimiento, la vida es un verdadero regocijo; las dificultades y las experiencias pueden considerarse como aventuras, porque si comprendemos plenamente el poder que tenemos y somos fieles a nuestra Divinidad, todas las dificultades se desvanecerán como la niebla bajo el sol. Para ello Dios otorgó a sus criaturas el dominio de todas las cosas.

Tan sólo con escucharlas, nuestras almas nos guiarán en cada circunstancia y en cada dificultad; la mente y el cuerpo, dirigidos por ella, pasarán por la vida irradiando felicidad y perfecta salud, tan libres de preocupaciones y responsabilidades como un confiado niño pequeño.